jueves, 5 de junio de 2008

Ana y Manuel

¿Cuántas veces nos sentimos solos y buscamos algo o alguien que amortigüe ese dolor?

Estoy segura de que mas de uno al sentirse solo o sola compró un perro, un gato o un pájaro para poder salir de ese pozo de melancolía y volver a sentir la libertad.

Es un sentimiento que nos lleva a reemplazar el cariño que nos falta, y al pasar el tiempo nos damos cuenta que ya no nos llena, nos sentimos incompletos nuevamente, y empezamos a buscar en otro sitio...

Pero aquel cariño, aquel sentimiento no viene cuando lo buscamos, llega justo cuando dejamos de buscarlo, cuando sentimos la libertad.

Un ejemplo es el de una amiga mia, que al sentirse sola, busca estar acompañada, consiguiendo compañeros inadecuados, que la hacen sufrir mas, sintiéndose mas triste, mas sola...
Y no logra ver lo maravillosa que es, no siente la libertad...esa libertad que cuando llega, llega todo, que nos hace disfrutar de nosotros mismos, sin depender de nadie, nos hace disfrutar del cielo, su sol, su luna y sus estrellas; de la tierra, sus bosques y jardines, sus lagos, arroyos y mares; y de la gente, los amigos y la familia...

A veces, al sentir la soledad, buscamos aliviarla, y con razón, ya que la soledad... duele, pero también nos hace fuertes. Tendríamos que aprender de la soledad, ya que si nos ponemos a pensar un poquito, nos daremos cuenta que no siempre está presente, sólo de vez en cuando y estoy segura que cuando aparece es porque algo tiene para enseñarnos.

Bueno, les dejaré disfrutar de esta pequeña historia, pude descubrirla navegando de blog en blog, es cortita, dura poco más de 10 minutos, pero cuando la vi, no pude evitar emocionarme, y hoy comparto con ustedes, la historia de Ana y su Manuel.


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