sábado, 22 de enero de 2011

¡Se compran risas!

Mi talento es que puedo agarrar todo el drama de mi vida y transformarlo en comedia.

Sólo que tengo un pequeño problemilla... No es cierto, ojalá lo fuera... Tengo si todo el drama pero todavía no pude transformarlo en comedia, ni un poquito, ni cerquita.

Me encantaría hacerlo alguna vez, poder reírme un poco de mi vida, de mis experiencias malas y poder contarlas de una manera anecdótica.

Conozco unas cuantas personas que son así por naturaleza. Agarran un recuerdo feo de la niñez y lo transforman en un gran chiste del que te terminas riendo por horas. Me encantaría poder ser así... Creo que hasta podría decir que es mi sueño.

Me acuerdo de las veces que quise contar una mala experiencia... Nunca me salió como una cómica anécdota, sino todo lo contrario. No sé si soy yo o son mis vivencias, pero la cosa es que siempre me sale como una película dramática de esas que cada vez que te acordás llorás y que la única sensación que te deja es la tristeza que lamentablemente se queda por varios días...
Basta con que transcurran sólo unos minutos de mi narración para escuchar el inevitable "¡Pobrecita!"... Cómo lo detesto... Pero más detesto el hecho de que en esos momentos yo misma me doy lástima. Siempre termino preguntándome ¿Para qué lo conté? ¿Acaso necesitaba alguna mirada aprobatoria que me diga "Si, tenés todo el derecho de ponerte triste"? Y si... Siempre concluyo de que si, es así... Necesito que me digan que si, que puedo llorar tranquila, que si, que mi vida es bastante complicada, que mi familia es bastante disfuncional, que mi relación amorosa es hermosa pero extremadamente difícil, que mis amigos son muy buenos pero muy pocos, y que si, que nadie dijo que la vida sería fácil y que más que vivirla hay que sobrevivirla...
Si, necesito que de vez en cuando alguien me diga todo eso.
¿Para qué? No tengo ni la más pálida idea, lo único que sé es que de vez en cuando el alma nos pide un poco de mimos y autocompasión, y no creo que sea mala idea concederle el deseo.

Pero más que nada necesitaría, por una vez en algún momento del día, tener la capacidad de reírme de mi misma, tener un poquito de ese humor negro del que todos hablan y tomarme menos en serio las cosas...

No sé, al menos creo que serviría para relajarme un poco ¿No?

viernes, 7 de enero de 2011

Ella

Nunca antes había valorado tanto la soledad como aquella noche. De repente se había dado cuenta de las cosas que uno debe pasar para redescubrir la importancia de los momentos.

Luego de limpiar, decorar y acomodar la mayoría de las cosas, miró a su alrededor y sintió aquella brisa única y característica de la independencia. Finalmente había vuelto a su lugar. Y lo sentía en cuerpo y alma.

¿Por qué será que el ser humano a veces es tan terco para entender al destino?- Pensó en un momento dado. - Porque, si es que realmente existe, permanentemente nos está mostrando el camino, nos está diciendo una y otra vez “¡Éste es el autobús que te llevará a tu felicidad!”, ¿y nosotros lo escuchamos? ¡No! Es más lo ignoramos e incluso luchamos contra él para demostrar de alguna inútil forma de que no es ése el autobús sino otro que teóricamente algún día vendrá. Si claro, porque somos tan inteligentes… - Sonreía irónicamente, sin darse cuenta que su pensamiento había dejado de ser silencioso hace un largo rato y se encontraba hablando sola en el pequeño departamento atiborrado de cajas. - ¿Será que en alguna parte de nuestros genes está codificada la tendencia de querer perdernos constantemente a propósito? ¿No hay alguna forma de evitar todo eso y ser más simples, menos complicados? - Seguía preguntándose.

Aunque le gustaba saborear la libertad, sabía desde un comienzo que ésta era prestada. - Porque uno no puede utilizar todo el poder de un juego sin antes llegar al correspondiente nivel.- Se decía al verse en ese departamento alquilado por sus padres. Y justamente así se encontraba en ese momento, luchando para pasar los niveles que le llevarían a su tan deseado sueño: Vivir su vida.

No era la única que estaba pasando por eso, ni mucho menos la única en todo el planeta que soñaba con eso. Sabía bien que no era ningún bicho raro y que seguramente a medida que pasara el tiempo la ayuda iría apareciendo. Pero aún así sentía a aquella inseguridad típica que aparece cuando se comienza algo nuevo. Aquel miedo que sólo está para preocupar y alarmar a la mente.

Fue así como el entusiasmo de la independencia le duró poco, muy poco. De repente la soledad golpeó con intensidad y se derrumbó por completo. Era tan irracional su sentimiento que no podía evitar sentirse una idiota. Pero una sola cosa le tranquilizaba, y era soñar con aquello que no tenía, querer lo ausente, extrañar aquel pasado que hace algunas horas odiaba tanto.

- Sólo el ser humano puede ser tan contradictorio en cuestión de segundos. - Se decía mientras recogía la escoba apoyada sobre la pared y continuaba con su tarea doméstica. No podía explicar qué le sucedía ni aunque quisiera. Era una mujer cumpliendo parte de su deseo, camino a su sueño y sin embargo no le gustaba lo que tenía ante sus ojos… Ella viviendo sola…

- ¿Por qué será que somos tan irresistiblemente irracionales?- Seguía preguntándose - ¿Será que no hay alguna forma de saltarnos toda esta parte que sin duda es increíblemente tonta e incómoda y volver a ser normales? ¿O tal vez lo que se dice “ser normal” no existe? ¿Seré la única en este mundo que puede ser clínicamente bipolar sin tener un diagnóstico médico que lo avale?

Desconocía las respuestas a toda esa catarata de preguntas. Pero algo era seguro. Ser ella se había vuelto sin querer en algo extremadamente complicado de un momento a otro y no encontraba ninguna explicación a tal estado de ánimo, al menos eso creía...



(Dicen que es más fácil contar las cosas que a uno le pasa haciéndolo en tercera persona... Dicen...)
 

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