miércoles, 28 de mayo de 2008

La oruga

Una pequeña oruga caminaba un día en dirección al sol.
Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes.
¿Hacia dónde te diriges? le preguntó.
Sin dejar de caminar, la oruga contestó:
Tuve un sueño anoche: soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.
Sorprendido, mientras su amigo se alejaba, el saltamontes dijo: ¡Debes estar loco! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? Tú, ¡una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.
Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó, su diminuto cuerpo no dejó de moverse.
De pronto se oyó la voz de un escarabajo:
¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño?
Sudando, el gusanito le dijo jadeante:
Tuve un sueño y deseo realizarlo, subir a esa montaña y desde ahí contemplar todo nuestro mundo.
El escarabajo no pudo contener la risa, soltó la carcajada y luego dijo:
Ni yo, con patas tan grandes, intentaría realizar algo tan ambicioso, y se quedó en el suelo muerto de la risa mientras la oruga continuaba su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.
Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor le aconsejaron a nuestro amigo a desistir. ¡No lo lograrás jamás! Le dijeron, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.
Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar. "Estaré mejor", fue lo último que dijo y murió.
Todos los animales del valle fueron a mirar sus restos, ahí estaba el animal más loco del pueblo, había construido como su tumba un monumento a la insensatez, ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.
Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos.
De pronto quedaron atónitos, aquella piel seca comenzó a quebrarse, y con asombro vieron unos ojos y unas antenas que no podían ser las de la oruga que creían muerta.
Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arcoiris de aquel impresionante ser que tenían delante, el que realizaría su sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.
Todos se habían equivocado.


Dios nos ha creado para realizar un sueño. Vivamos por él, intentemos alcanzarlo, pongamos la vida en ello, y si nos damos cuenta de que no podemos, quizás necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas, y entonces, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo lograremos.
El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.

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2 Comentarios ¡Escribí el tuyo!:

Duendecilla traviesa dijo...

Estoy preparando una oposición para entrar de funcionaria como fisioterapeuta muy dura, ahora estoy de sustituta en hospitales y centros de salud y este texto me anima a estudiar con más ganas.Me encanta tu blog.Yo cuando pueda iniciaré otro.Muacs!

Azu dijo...

Hola Duendecilla!

Gracias por pasar, me alegro que estés de vuelta por acá!!
:)

Es cierto, este cuentito nos deja una gran enseñanza, y levanta los ánimos. A mi también me pasa a veces que me bajoneo, pero basta con leer un texto así para recuperar las energías necesarias y seguir adelante, no?

Un besototote!!

 

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