domingo, 16 de agosto de 2015

Pretender la paz mundial


"¿Cómo es tu novio cuando está enojado? ¿Cómo es cuando está nervioso? ¿Y cómo es cuando está triste?"

Esas eran algunas de las preguntas que me hacían en la secundaria. Es que mi novio era un chico un tanto reservado, difícil de descifrar... Pero que con el correr de los años, tuve el privilegio de conocer, y bien a fondo. Su personalidad es pasiva, pocas veces se enoja, o demuestra sus sentimientos.

Hoy tuvimos un accidente "automovilístico", y lo pongo así entre comillas, porque en realidad nos llevamos una bici que prácticamente estaba acostaba frente a nuestra rueda. Y que bueno, al tener estacionado el auto, y al encender y poner en primera no tuvo otra consecuencia que enterrarla bajo el auto. Lo más insólito es que ninguno de los dos la vimos. Hasta ahora pienso y requete pienso, y aún no puedo descifrar dónde estaba escondida la bendita bicicleta del demonio... Pero lo cierto es que la llevamos puesta. Arrancamos, pusimos en marcha y unos centímetros más allá escuchamos el bendito "¡CRACK!"
Tardamos unos buenos 15 minutos en sacarla de debajo del auto, gato en mano, por supuesto. Pero aunque ambos tratamos de mantener la calma, la madre del pequeño dueño de la bicicleta, logró sacarnos de las casillas... "Y ahora ¡¿quién pagará los daños?! ¡porque eso es lo que nos corresponde! ¿van a arreglar la bicicleta, cierto?" y etc... 

Pocas veces... aunque recordando bien, esta es la segunda vez que con mi novio pasamos por una discusión automovilística, y en ambas ocasiones observé lo mismo... A él sumamente enojado, defendiendo con garras y dientes sus derechos. Ya lo dije, su personalidad es pasiva, así que verlo así, inevitablemente sorprende...

Por supuesto, ahora, que ya pasó un poco la adrenalina, puedo reírme, pero en su momento hasta me hizo temblar... Porque cuando él quería calmarse, los del otro bando decían algo equivalente a una piedra del tamaño de tutankamón, y bueno... inevitablemente la cosa seguía, y crecía y crecía... De nunca acabar... Era una cosa, bien a lo "Relatos salvajes"... Que la culpa es del que dejó la bicicleta en plena calle, que no, que la culpa es del que se lo llevó por delante, que ahora se debe arreglar la bicicleta, que está bien, que la arreglaremos pero que la bicicleta no debería estar en la calle, que llamaremos a la policía y que lo arreglen ellos, y... etc...

En fin... En un abrir y cerrar de ojos, la cosa se nos había escapado de las manos...

Conclusión: La bicicleta ya está en el taller, pero después de unos 20 minutos de discusión intensa con toda la familia del pequeño.

Y ahora, yo me pregunto... (Claro, ya estando en casa, té de tilo de por medio, recordando todo, y escribiendo esto)

¿Por qué será que a los humanos nos cuesta tanto comunicarnos?

Porque era una SIMPLE bicicleta, chamigo... se podría haber arreglado tranquilamente, pero no, la cosa se convirtió en una bola de nieve enorme...  Si hasta lo amenazaron a mi novio de muerte... INCREÍBLE!!!

Pero bueno, así estamos, cada vez más intolerantes con el otro, saltando a la primera de cambio...

Y así pretendemos desear la paz mundial...

De no creer...


1 Comentarios ¡Escribí el tuyo!:

David c Fild dijo...

Tal como en la peli, todo cambia en un segundo.
Y Se vive en una intolerancia que uno nunca sabe
con quien se va a encontrar y que es capaz de hacer.
.
Un placer andar por estos lares...ya vere con mas tiempo el blog...
saludos Azu desde Còrdoba

 

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